Casa Lautaro 80

Mandante: Humberto Tomás Cancino Ochoa.

Dirección: Lautaro 80.

Año: 1940



Sistema constructivo:

Inmueble clasificado de “valor ambiental” por el Consejo de Monumentos Nacionales, ya que presenta características formales que aportan a la imagen de conjunto de la Zona Típica.

Esta es una vivienda del estilo formal, llamado de cuarta generación ya que presenta los elementos característicos de esta manera de construir en el periodo correspondiente al segundo cuarto del siglo XX. La casa se emplaza de manera longitudinal al eje de la calle, no sobrepasa los 7 metros de alto, tiene 2 pisos y 1 mirador que sobresale de la techumbre a un agua. Además, posee faldones truncados que cortan el plano de las 2 aguas del ala principal.

La estructura está compuesta de pilares, vigas y diagonales de madera unidos por clavos metálicos. Las fundaciones de esta casa levantan un sobrecimiento de 1 metro de alto, posiblemente en vigas de madera sobre fundaciones corridas.

Una particularidad de esta casa es que incorpora a la fachada un acceso cubierto al que se accede por una angosta y rústica escalera hecha con tablones angostos. El revestimiento utilizado es un tinglado traslapado para la totalidad de las fachadas. Además, sus ventanas incorporan un elemento que nos habla de la data de construcción ya que están en una proporción horizontal.

La distribución planimétrica responde al eje central desde el cual se distribuyen los recintos del inmueble. Tiene un primer nivel en el que concentra la cocina, living y comedor y un segundo nivel con el programa habitacional de la casa.

Reseña, entorno y usos:

Se cree que esta casa fue construida en la década de 1940 debido a sus características estéticas ya que la mayoría de los registros de los inmuebles presentes en Zona Típica de Frutillar Bajo se perdieron en febrero del año 2004, fecha en que un incendio afectó la Oficina de las Semanas Municipales y la Dirección de Obras Municipales que colindaba con ésta.

La casa fue mandada y construida por don Humberto Tomás Cancino, quién hizo varios de los inmuebles de la costanera de Frutillar debido a su oficio de carpintero. Él había recibido un sitio en Avda. Philippi pero – al igual que la de sus vecinos, los Nannig Ramírez- optó por una calle menos concurrida, la Calle Lautaro, perpendicular a la costanera y a una cuadra de distancia de la playa.

Eran tiempos en que los constructores asumían el liderazgo en la creación de los inmuebles ante el hecho que no existían arquitectos en la ciudad y a que los mandantes tenían muy claras sus necesidades que eran funcionales a las necesidades de la época.

Aunque no hay registros de cuáles son las casas en las que participó don Tomás, el sello estético de la cuarta generación es evidente en toda la costanera de Frutillar.

Los amplios espacios también nos dan cuenta de un momento histórico y una forma de vida, ya que, por ejemplo, nacimientos, bautizos, cumpleaños y velorios se realizaban en los hogares. Destaca la distribución de la cocina, que cuenta con un fuego central en torno al cual se distribuyen bancas, espacios para secar ropa o hierbas. En la década del 40 no existía la red de agua potable por lo que ésta llegaba desde las vertientes circundantes y se acumulaban en un pozo de cemento.

El nieto, René Henríquez Cancino (el mayor de 9 hermanos, quien habita en Lautaro 80 con su esposa) recuerda haber vivido y compartido con su abuelo en esa casa y guarda su retrato en un lugar importante de la entrada, También que, con el tiempo, el inmueble funcionó como restaurante y, anexo, existía un cité para trabajadores en el costado. En la actualidad se encuentra en manos de la familia original y lo que había sido el restaurante, en el primer piso, está convertido en un largo dormitorio para cuando se reúnen los Henríquez Cancino.